Ayer fue una noche delirante. Jamás pensé que quedarían tantos recuerdos enfrascados en mi memoria que generarán tanta ansiedad.
Odio sentir odio, pero no puedo hacer nada al respecto, ya que es un sentimiento que no lo controlo. Lo más penoso de ésto es que lo potencio al recordar tantas veces que sentí que fui tratada desconcideradamente y con poca caridad.
En este frenético viaje en que vivo de lo único que tengo certeza es que di todo lo que podia entregar y más.
Mi pena aún no pasa.